Volve a las raices
- ivelissefondeur
- 7 ene
- 1 Min. de lectura
Me paré frente al mar y la vida me susurró bajito… vuelve.

Y yo, obediente al llamado de la memoria, regresé al lugar donde todo comenzó:
mi amado Samaná.
Volví a los caminos de tierra tibia, a los ojos brillantes de mis amigos de infancia, que el tiempo no logró apagar, solo encendió con historias y risas viejas.
Nos reencontramos entre abrazos largos, palabras sencillas, y una ternura que no necesita explicación.
Bailamos como antes, con los pies descalzos y el corazón liviano, al ritmo del mar y del recuerdo.
El fogón rústico volvió a encenderse, y entre leña y sazón, las manos tejieron sabores de antaño.
Olor a coco, a café colado lento, a sal y a humo bendito.
La arena me acarició los pies como si aún fuera niña, y el mar, ¡ay, el mar!, me habló con voz de madre: “Nunca te fuiste del todo.”
Porque volver a mi pueblo es volver a mí.
A la versión más pura, más libre, más viva.
Y en ese pedacito de tierra, entre amigos, fuego y océano, descubrí que el amor verdadero siempre sabe volver a casa.


Comentarios